Qué NO hacer
No elijas solo por precio. Una agencia muy barata típicamente no invierte tiempo en entender tu negocio—solo hace un sitio genérico.
No elijas solo porque tienen un portfolio bonito. Bonito no significa funcional. Preocúpate menos por el diseño y más por los resultados (¿sus clientes venden más?, ¿aparecen en Google?).
No elijas porque 'hacen todo' (diseño, marketing, SEO, desarrollo, consultoría). Las agencias que hacen todo no son expertas en nada.
Las preguntas que debes hacer
¿Cuántos proyectos similares al mío han hecho? Alguien que haya hecho 20 tiendas online vs alguien que hizo 1 no es lo mismo.
¿Cuál fue el presupuesto promedio? Si dices que tu presupuesto es bajo y ellos normalmente cotizan 10x más, quizá no sea el fit.
¿Qué pasó después de que se lanzó el sitio? ¿Hicieron seguimiento?, ¿optimizaciones?, ¿ajustes?
¿Cómo comunican? ¿Tienes un único contacto o un equipo? ¿Puedo hablar con el desarrollador o solo con el vendedor?
¿Qué sucede si necesito cambios después del lanzamiento? ¿Hay costo?, ¿cuánto tiempo responden?
Señales de alerta
Presupuesto cerrado sin entender tu proyecto. Esto significa que no van a investigar—van a usar una plantilla.
No quieren hacer un briefing. El briefing es donde entienden tu negocio. Si lo saltan, es mala señal.
Prometen resultados sin datos. 'Tu sitio ranking en Google en 3 meses' suena bien, pero es irreal. El SEO lleva tiempo.
No tienen referentes o clientes dispuestos a hablar. Si no pueden mostrar resultados reales, desconfia.
Solo te muestran webs bonitas, no métricas. Pregunta: ¿cuánto tráfico generan?, ¿cuántas conversiones?, ¿qué ROI tuvieron los clientes?
Señales positivas
Hacen preguntas antes de cotizar. Quieren saber de tu industria, tus clientes, tu competencia.
Tienen casos de éxito con números. 'Ayudamos a X aumentar ventas un 40%' o 'Y aparece en primera página de Google para su palabra clave principal.'
Ofrecen opciones. No une propone, sino que explora contigo qué es lo mejor.
Son honestos sobre lo que sí y no pueden hacer. No prometen milagros.
Tienen un proceso claro: briefing, diseño, desarrollo, testing, lanzamiento, soporte.
Son accesibles después del lanzamiento. El sitio no es un producto finito—es algo que crece con tu negocio.
El precio justo
No existe 'el precio correcto'—depende de complejidad y alcance. Una web barata es diferente a una tienda online personalizada.
Pero aquí está la regla: si es muy barato, no puede ser bueno. Si cobran menos de lo que cuesta su tiempo, van a tomar atajos.
En cambio, si es extremadamente caro, asegúrate de que realmente necesitas toda esa complejidad.
Lo ideal: una agencia que entiende tu presupuesto real y propone soluciones dentro de ese rango, sin rebajar calidad.